Imagina un mundo con un gobierno totalitario, donde la sociedad está fuertemente reprimida y no existe la libertad de expresión. O lo que es peor aún, no existe la libertad de pensamiento.

El único partido que gobierna, el Ingsoc, controla todos tus movimientos; las telepantallas registran cualquier imagen o sonido y están en cualquier hogar, en el trabajo, en la calle, por todas partes. Incluso, en tu propio seno familiar eres espiado: el partido se encarga de reclutar a los hijos para el grupo de los espías de forma que vigilan cualquier movimiento de sus padres, atentos a sus movimientos o a lo que dicen y siempre prestos a denunciarlos a la policía del pensamiento.

El Gran Hermano, la figura situada en la cima de la pirámide del poder dentro de esta civilización, del que se desconoce si existe o no (¿Y a quién le importa?) controla todos tus movimientos.

Ese es el futuro que George Orwell nos presenta en su novela 1984.
Recuerdo que era el típico libro que solían mandar a leer en clase de ética o filosofía en el instituto, aunque yo no había tenido el gusto de leerlo hasta ahora. Y lo recomiendo mucho, me ha hecho pensar bastante.